jueves, 21 de agosto de 2014

Charla para Mamás

¿Vas a ser mamá y tenés algunas dudas?
Vení, vamos a charlar sobre todo lo que necesitamos saber acerca del embarazo y el cuidado de nuestros bebés.


Charla-Taller para Mamás y futuras Mamás en Fiorito.
Con la Puericultora Sandra Nicolini
ACTIVIDAD LIBRE Y GRATUITA!
Sábado 6 de septiembre a las 16 hs.
Baradero 1385, Fiorito (a 3 cuadras de Pte. La Noria)

Se agradece difusión.

El humanismo es la última trinchera de resistencia que tenemos”

Mariam Cortas Said. Escritora, vicepresidente de la Fundación Barenboim-SaidSe ahonda la brecha entre los que creen que es posible la coexistencia intercultural y los que ven inevitable el choque de regímenes belicosos, señala esta intelectual pacifista.

  • Fabián Bosoer
Habla del conflicto israelí-palestino, pero se refiere a la encrucijada de la cultura occidental enfrentada a sus propios fantasmas y demonios. Todo tambalea en Oriente Medio, nos dice, y no estamos preparados para imaginar hacia dónde va el mundo árabe, con tantos focos de conflicto y convulsiones en curso. Se agranda la brecha entre quienes creen que es posible la coexistencia entre pueblos y quienes consideran inevitable el choque superpuesto de nuevas y viejas beligerancias, señala esta intelectual árabe-americana y activista cultural por la paz: “No son sólo las fronteras físicas las que están en cuestión: también las mentales”, nuestro modo de pensarlas, sostiene. Es Mariam Cortas Said, viuda del escritor e intelectual Edward Said y vicepresidente de la Fundación Barenboim-Said, proyecto de su esposo con el gran pianista, creadores de la Orquesta West- Eastern Divan. Ella nació y creció en Beirut, Líbano, vive hace varias décadas en Nueva York y estuvo esta semana en Buenos Aires, donde recibió un doctorado honoris causa y participó de actividades en la Maestría en Diversidad Cultural de la Universidad de Tres de Febrero (UNTREF).
Es ineludible preguntarle en primer lugar por lo sucedido en Gaza y sus consecuencias ...

Lo que está pasando en todo Medio Oriente en este momento es más que terrible: es horroroso. Es una repetición de lo que ha estado pasando durante los últimos siete u ocho años, pero agravado aún más por el bombardeo masivo al que están expuestas las poblaciones civiles. Cohetes de un lado, bombardeos masivos del otro; al final, no importa quién empezó ni cuál sea la justificación: nadie puede pretender la razón sosteniendo que es inevitable la matanza de mujeres, niños y ancianos de manera indiscriminada.
Se habla de “defensa propia” frente a “autodeterminación”: todo pueblo tiene derecho a defenderse cuando ve amenazadas sus vidas, todo pueblo tiene derecho a liberarse de la dominación para construir su destino. ¿Es inevitable la guerra?

Todos tienen derecho a la defensa propia. Todos tienen derecho a la autodeterminación. Todos tienen el derecho a resistir. Y todos son seres humanos; y al final, lo humano es el aspecto más importante en todo esto: las vidas que se pierden en las hogueras de una civilización. Este bombardeo extensivo y sostenido sobre Gaza fue en 2006, 2008 y 2009, en 2012, y esto de ahora. Parece estar acelerando la escalada del conflicto, pero hacia dónde no lo sabemos.
¿Cuál es la clave para entender este conflicto? ¿Es geopolítico, cultural, religioso, nacionalista?

No creo que sea un conflicto cultural o religioso, aunque tenga esos elementos también, que se utilizan para marcar las diferencias aparentemente irreconciliables. Los israelíes no se propusieron crear un nuevo Estado colonial, pero es lo que terminó ocurriendo. Cuando Israel declaró su independencia, y más adelante peleó la guerra de 1948 y ganó una parte muy importante de tierra, un gran pedazo de lo que era conocido como Palestina, y luego de las distintas guerras con los países árabes, terminó convertido en un Estado expansionista. Es una parte del problema que no puede desconocerse si se quiere encontrar una solución. Los palestinos no pudieron tener su propio Estado en su territorio. Es tan simple y complicado como eso. Hamas es otra expresión más de ese proceso que no podemos justificar pero de lo que tampoco el Estado de Israel, y sobre todo estos gobernantes actuales, pueden desentenderse, porque indirectamente los han alentado. En realidad el conflicto no es tan antiguo ni de los tiempos bíblicos, en absoluto. Es un conflicto moderno que comenzó en el siglo XIX.
Un conflicto del siglo veinte en una región que parece volver al siglo XIX o más atrás aún, a los tiempos de los imperios, las cruzadas y guerras religiosas ...

Eso es cierto, es lamentablemente cierto. Hubo una gran esperanza con la llamada Primavera Arabe pero resultó en gran medida frustrante. En Egipto han vuelto al poder los militares. Las guerras religiosas son atizadas por los grandes intereses económicos y poderes que están involucrados en toda la región. Están despedazando países, como sucede en Irak a partir de la invasión de EE.UU., en Líbano y en Siria hoy. Las grandes fuerzas y potencias que conquistaron Oriente Medio y los movimientos nacionales que las enfrentaron están todos actuando como fuerzas centrífugas. Lo que es más peligroso ahora es el extremismo islámico que no sólo quiere volver al pasado, al siglo XII o XIII, sino que están en contra de cualquier forma de diversidad, de coexistencia de ninguna clase. Eso es contrario a la propia historia, porque esa región (específicamente Líbano, Siria, Irak, Jordania y Palestina) ha sido un área donde la diversidad y las religiones pudieron coexistir pacíficamente. Tenían vínculos de coexistencia entre ellos. Esto es lo que es aterrador en este punto. Que tanta fuerza destructora cargada de fanatismos religiosos esté pasando al frente. Esto es lo que está preocupando en la mayoría de los países árabes. La región está en caos.
Pero la resolución del conflicto palestino-israelí parecía estar al alcance de las manos con los distintos acuerdos de paz de los últimos veinte años. ¿Qué es lo los hizo fracasar?

La cuestión de Palestina nunca se ha resuelto, y eso agrega combustible al fuego porque lo que está en juego es lo que un pueblo considera que se trata de una ocupación colonial que debe cesar. Dividieron a los palestinos en dos entidades, Cisjordania y Gaza, luego dividieron la Cisjordania en zonas. La mayor parte de las áreas pobladas en Cisjordania, que tenían grandes poblaciones, se las dieron a la Autoridad Palestina y dijeron “ustedes háganse cargo de su gente”. Pero luego procedieron a crear más asentamientos, a tomar más del agua de Cisjordania, a construir drones que circundan las aldeas y a crear lo que es más o menos un Estado apartheid. Gaza ha sido bloqueada durante al menos ocho años y medio. Dejaron Gaza y desmantelaron los asentamientos allí, pero lo que hicieron fue que los encarcelaron. Les dicen que es su tierra, que pueden quedarse, pero no pueden salir ni usar sus cielos ni pescar sin permiso. Y con el bloqueo comenzaron a restringirlos para recibir cualquier cosa. Todo en el nombre de la autodefensa. Deberían haber comenzado por evitar convertir ese territorio en lo que lo han convertido haciendo de sus vidas un infierno y sin poder salir de allí.
¿Cómo se detiene esta escalada y se puede encauzar este torrente de fuerzas encontradas en un curso de resolución pacífica? ¿Todo remite a cumplir con el mandato de la ONU del ‘47 y a la creación de un Estado palestino?

Lo cierto es que no hay tal cosa como un Estado palestino junto a un Estado israelí, y dudo que como están las cosas eso sea algo realista y posible. La solución de dos Estados lleva largo tiempo muerta. Sólo habrá un Estado en el que vivirán judíos y palestinos en la misma tierra. No veo otra forma. Porque, verá, hay tantos asentamientos en Cisjordania que no pueden ser desmantelados. Entonces, ¿qué van a darles a los palestinos? ¿Cinco por ciento de Palestina?¿Cinco por ciento, un poco aquí, un poco allá, otro poco acá? Eso no puede ser un estado viable. Y está claro que los israelíes que viven allí no se irán de allí. Lo que tienen que hacer ahora es lo que no quieren hacer: decir “los palestinos son parte del Estado, de la tierra que queremos”. Los actuales líderes israelíes quieren mantener al ejército en el valle del Jordán, seguir controlando Jerusalén. Quieren hacerlo así y tienen la fuerza para imponerlo, pues bien, las poblaciones están allí y se van a quedar y van a resistir, tienes que tratar con ellas. Tendrán entonces que hacerlos ciudadanos con plenos derechos. Y van a tener otro problema, la paridad demográfica entre las dos poblaciones. Sea como sea, la decisión depende de los israelíes ahora, en la guerra o en la paz que pueda lograrse.
¿Cuál sería entonces un nuevo punto de partida para un acuerdo que no sea sólo una tregua más hasta la próxima escalada?

Desafortunadamente con todo lo ocurrido en los últimos años y ahora con esto, las diferencias entre los palestinos y los israelíes se han ampliado. La situación ha empeorado. Habrá que conducirlo de vuelta a un momento anterior, desactivar las formas inmediatas de la agresión. No hay posibilidades de que dos pueblos puedan coexistir en esta tierra con el odio que vemos hoy. Si lo ponemos en los términos de dos pueblos luchando por un mismo territorio, ninguno podrá ganar, ambos serán perdedores. Porque cada uno va a luchar hasta el final. Y cuando luchen hasta el final, se habrán aniquilado el uno al otro. Militarmente, no hay solución, Absolutamente ninguna solución.
¿Entonces?

El humanismo es la última resistencia, y la única resistencia, que todavía tenemos. Debemos luchar por ese humanismo, en el que nos reconocemos e intentamos tratarnos como seres iguales desde el reconocimiento de nuestras diferencias. Buscar escucharnos, entendernos y ver cómo, a uno y otro lado, podemos avanzar.
Edward Said, su compañero de vida, escribió sobre el “Orientalismo” como el modo en que Occidente distorsionó sus miradas sobre Oriente. ¿Ve algo de eso en la mirada actual sobre los árabes y el islam?

Así es. El orientalismo adopta ahora una forma diferente, que es la islamofobia. Pero también ha prendido en el mundo árabe, cuando se pretende implantar la idea de una “islamización” homogénea que termina aplastando la verdadera autodeterminación y borrando la diversidad cultural y religiosa en esos pueblos.
Copyright Clarín, 2014.

http://www.clarin.com/edicion-impresa/humanismo-ultima-trinchera-resistencia_0_1190880960.html

lunes, 4 de agosto de 2014

Los estragos en Hiroshima y Nagasaki 20 años después

¿Por qué se tiró la bomba atómica en Japón? ¿Fue una decisión militar de ‘último recurso’? ¿O fue una decisión geopolítica mirando hacia Moscú, que dio inicio a la Guerra Fría? Luego de lo que puede ser considerado el acto terrorista más grande de la historia mundial, la madre del presidente estadounidense Truman comentó: “Me alegra que Harry haya decidido terminar la guerra. No es un hombre lento. Llega pronto adonde va”.
Mientras las tropas soviéticas y norteamericanas avanzaban hacia Berlín, el 1° de mayo de 1945, Hitler se quitó la vida y tres días después Alemania se rindió. Pero las batallas del Pacífico continuaron durante varios meses. Allí, la flota norteamericana avanzaba hacia el Japón, país que en 1941 había bombardeado Pearl Harbor, lo que significó el ingreso abierto por parte de Estados Unidos a la contienda bélica.
Sin la mediación soviética, el nuevo presidente Truman y Winston Churchill, desde Potsdam, exigieron el 26 de julio de 1945 la rendición japonesa, advirtiendo que si no lo hacía, pagarían con la “destrucción total”. Poco antes, el ejército norteamericano había probado la bomba atómica y la amenaza era concreta, también para los aliados, en vistas a los próximos acuerdos de paz.
El 6 de agosto, la aviación norteamericana arrojó la bomba atómica sobre la ciudad de Hiroshima, al sur del Japón. El 14 de agosto, Japón aceptó las condiciones de Potsdam y el 2 de septiembre firmó una rendición formal. En Hiroshima, unas cien mil personas murieron en el acto, mientras más de 300 mil resultaron heridas, y fallecieron de forma horrible semanas o meses después. Casi todos eran civiles. Algo similar sucedió en Nagasaki tres días más tarde, el 9 de agosto de 1945. Todavía hoy se sienten los efectos radiactivos y las mutaciones genéticas. Meses antes, Tokio había sido también bombardeada con bombas incendiarias, en el raid aéreo más destructivo de la historia, que mató a más de 330 mil personas.

De esta forma, los países de la civilización y el liberalismo, pusieron fin a una guerra y Estados Unidos dejaba definitivamente atrás su política de aislamiento en el continente. El avión B-29 Enola Gay, que arrojó la bomba sobre Hiroshima, todavía permanece en exhibición en el Museo Nacional del Aire y el Espacio norteamericano.
Recordamos aquel luctuoso acontecimiento con algunos fragmentos de un artículo publicado en la Revista Primera Plana en julio de 1965. El entonces jefe de redacción de la revista, Tomás Eloy Martínez, recorrió las ciudades bombardeadas veinte años después y dejó un escalofriante testimonio de los estragos de la hecatombe.
Fuente: Revista Primera Plana, 20 de julio de 1965.
Desde Hiroshima y Nagasaki
Los sobrevivientes de la bomba
El 6 de agosto de 1945, a las 8 y cuarto de la mañana, la Era Atómica empezó con un estallido, en la ciudad de Hiroshima, Japón. En el primer segundo, 300 mil grados de calor inundaron la Plaza de la Paz, y cien mil personas cayeron muertas. El 9 de agosto, a las 11 y dos minutos, otra bomba más poderosa todavía —de plutonio— arrasaba el valle de Urakami, en Nagasaki, donde la población cristiana era dominante. Se había desviado tres kilómetros al este de su objetivo, los astilleros Mitsubishi, y el cataclismo fue por eso menos grave; 25 mil muertes instantáneas y 130 mil heridos. Lo que sigue es el relato que escribió el jefe de redacción de Primera Plana, Tomás Eloy Martínez, luego de recorrer largamente las dos ciudades, de hablar con decenas de sobrevivientes y de recoger la opinión de los médicos especializados en la enfermedad atómica.
Bajo el cenotafio del Parque de la Paz, en el vientre de un arco de cemento donde todas las mañanas aparecen flores nuevas, todavía siguen fundiéndose con la tierra los andrajos y la sangre de doscientos mil hombres; allí, junto a las cartas que dejaron a medio escribir en los hospitales de emergencia, se vuelven amarillas las sembatsuru, las filosas cigüeñas de papel que les llevaban sus amigos para desearles salud y buena suerte; allí también, en Hiroshima, dentro de un bloque de piedra, se agolpan los nombres de los que cayeron repentinamente muertos un día de verano, hace veinte años, convertidos en agua, en quemadura, en fogonazo: los nombres que ahora se consumen entre cenizas y magnolias.
Si uno se arrodilla, por entre las flores del cenotafio puede divisarse la cúpula de la Exposición Industrial, una mole de acero y mármol que se construyó en 1914. Pero ya el mármol es cansada arena que se desmorona sobre el río Motoyasu, y el acero de la cúpula, un esqueleto oxidado y retorcido, la corona fantasmagórica de una casa en ruinas. Más cerca, los cerezos lamen una especie de dedo inmenso, sobre el que una chiquilla de bronce abre sus brazos, con la cara vuelta hacia el río Ota, en las montañas. Junto a sus pies, en una hendidura hasta donde no llegan las interminables lluvias de julio, algunos cuadernos escolares fueron abandonados, como ofrenda. La chiquilla de los brazos abiertos se llamaba Sadako Sasaki y había nacido el 6 de agosto de 1945, en Hiroshima, a las 9 de la mañana, cuando su madre, cegada, llagada y sin fuerzas, no esperaba sino que ella naciera para morirse.
Sadako creció alegremente en una casa de Miyajima, a 16 kilómetros de la ciudad, y sólo cuando fue a la escuela por primera vez empezó a sentir una confusa melancolía por aquella madre que no había conocido. Le preguntó a Shizue, su prima, qué había pasado la mañana de su nacimiento. "El cielo se derrumbó y volvió a levantarse", le contestaron. Sadako aprendió a leer, a coser y a pintar muñecas de yeso; parecía fuerte, aunque a veces un súbito mareo y una llamarada de fiebre la devoraban. Otro 6 de agosto, mientras festejaba sus 12 años, cayó desmayada. Murió a las dos semanas, de una leucemia fulminante, y la fotografía de su cara dormida, entre flores y muñecas de yeso, levantó en vilo a los escolares del Japón: todos los días, de las monedas que llevaban para su almuerzo, cada uno separaba un yen en memoria de Sadako. Fue con esos yenes que se alimentó su cuerpo de bronce, entre los cerezos del parque.
“Reposen aquí en paz, para que el error no se repita nunca”, dice una inscripción en la piedra del cenotafio. Pero ahora, ya casi nadie en Hiroshima quiere averiguar de quién fue el error y por qué lo cometieron. "Vi el avión desde Kaitachi 1, a las ocho y cuarto, y me pareció que se estaba estrellando contra el Sol —repitió tres veces Goro Tashima, un pescador, en el Parque de la Paz—. La bomba no sólo cayó sobre Hiroshima sino también sobre la conciencia de los Estados Unidos. Ellos y nosotros hemos salido perdiendo en esa guerra."
"Si Japón hubiese tenido la bomba, también la hubiera arrojado sobre su enemigo", imaginaron la señora Ooe y la señora Katsuda en el Hospital de Hiroshima. "Si la hubiésemos tenido...Pero no la tuvimos", dijo el señor Muta Suewo en el Hospital de Nagasaki. "Yo no quiero imaginar nada", protestó, en cambio, el señor Yukio Yoshioka, que tenía 15 años y estaba marchándose hacia el monte Hiji 2 cuando lo envolvió el resplandor atómico. "Sólo quiero quejarme de que la bomba mató a mi padre, y a mí me volvió inútil y estéril."
Para que el error no se repita nunca. Ahora, en Hiroshima, las parejas se abrazan a la luz de la cúpula ruinosa, la única cúpula en pie desde aquel día en que la ciudad fue quemada por mil soles; un anillo de barcazas musicales, con sus faroles de papel, merodea por la ribera del Motoyasu, en el delta del río Ota, donde una vez cayeron todas las cenizas y las lágrimas del mundo; desde el Museo de la Paz, entre los frascos con tejidos queloides y las fotografías de criaturas transformadas en una brasa viva, se oyen los rugidos del cercano estadio de béisbol; el castillo de Mori Terumoto, que se desplomó aquella mañana de agosto como un sucio toldo de papel, está de nuevo erguido en su jardín, rehecho y resplandeciente; en sus casas, en los tranvías y en las tiendas, los hombres de Hiroshima jamás mencionan la tragedia, a menos que por azar vean sobre las espaldas o la cara de un caminante las cicatrices del feroz relámpago, el tejido gomoso y estriado que les reventó en la carne para protestar contra los cuatro mil grados de calor vomitados por el cielo. En las escuelas, los chicos sólo conocen confusamente esa historia; para ellos, el 6 de agosto de 1945 es apenas una lección de cien palabras en el libro de lectura, un cuentito fugaz que comienza del mismo modo en los textos de segundo grado y en los de quinto: "A las ocho y cuarto de la mañana, un bombardero B-29 de los Estados Unidos —el Enola Gay—, arrojó una bomba atómica en el centro de nuestra ciudad. Estalló en el aire, a 570 metros sobre el Hospital Shima. En los primeros nueve segundos, cien mil personas murieron y otras cien mil quedaron heridas." 3

Vuelve padre, vuelve madre
Pero las cifras no sirven demasiado; las cifras dicen muy poca cosa cuando ellos, los sobrevivientes, muestran sin resentimiento ni queja, como si fueran de otro, sus ojos vaciados por el increíble resplandor, sus espaldas abiertas en canal, sus manos apeñuscadas y detenidas en una quemadura. "Yo me había levantado de una silla para hablar por teléfono —contó el señor Michiyoshi Nakushina, que era un comerciante de sake 4 en 1945—. La casa quedó llena de un fuego amarillo, y el fuego se volvió después azul y el azul se hizo rojo hasta que la ciudad, tan clara y sin nubes esa mañana, se hundió de golpe en una noche sucia".
Las cifras dicen muy poca cosa pero, a veces, lo dicen casi todo: el 6 de julio pasado quedaban 80 mil sobrevivientes de la bomba en Hiroshima, y 65 mil en Nagasaki, la sexta parte de la población completa en cada ciudad 5. Algunos vivían a más de cuatro kilómetros del estallido: sus carnes fueron vulneradas por los vidrios de las ventanas, por las vigas que se derrumbaban, por las mesas que se partían en astillas; o quedaron indemnes, con la suficiente voluntad y fuerza como para olvidar el apocalipsis. "Ahora, en el hospital, ya estoy tranquilo. Me quieren, no tengo ningún deseo especial", se resignaba Suewo-san 6, hace diez días. "Perdí mis dos hijos pequeños y perdí también el tercero, que iba a nacer en diciembre de 1945. Lo último que perdí fue el odio. Ya sólo me queda en el corazón una enorme necesidad de vivir —contaba la Señora Yaeko Katsuda—. Pero qué difícil es para nosotros vivir como los demás."
Todos los sobrevivientes de la bomba saben que alguna oscura partícula de su condición humana les fue arrebatada aquel día de verano, hace 20 años: poco a poco fueron dándose cuenta de que estaban condenados al aislamiento y a la pobreza. Empezaron a ser sospechosos para las personas de quienes se enamoraban, a ser tratados como enfermos y engendradores de hijos débiles; durante meses —y a menudo, como Yoshioka-san, durante años enteros—, se despertaban en medio de la noche pensando que el amor y la felicidad les estaban vedados para siempre; en los astilleros, en la fábrica de automóviles Tokyokoyo y en los aserraderos de Hiroshima, sus empleadores los miraban con desconfianza, imaginando que un día de cada tres no irían a sus trabajos: de sobra sabían que la anemia, el cáncer de las tiroides, los disturbios del hígado y el cáncer de la piel acabarían por derribarlos. Y, en cierto modo, no les faltaba razón: en 1960, sobre un total de 278 gembakusho 7 hospitalizados, 58 habían muerto. Treinta de ellos estaban a más de dos kilómetros del epicentro.
No es del todo cierto que la Bomba y la muerte traten del mismo modo a los ricos y a los pobres. Hacia el Oeste de Hiroshima, sobre las márgenes del Ota, los habitantes de Burako 8 vieron el 6 de agosto cómo sus míseras chozas de madera quedaban reducidas a cenizas y a escombros por el viento atómico. Desesperados, sintiéndose de repente hundidos en un infierno más abominable del que conocían, recogieron los residuos quemados de sus viejos hogares, y empezaron a reconstruirlos con fragmentos de cinc y cañas de bambú, sin permitirse descanso: esa impaciencia, esa irrefrenable necesidad de defenderse, acabó por exponerlos a más radiaciones que la gente de otras áreas, situadas a la misma distancia del Hospital Shima. Los estadísticos calculan que el 85 por ciento de la comunidad recibió una radiación nuclear residual de 5-30 roentgen, mientras que sólo el 25 por ciento de Hirosekita-machi, 500 metros más próximo al centro del estallido, quedó expuesta a la misma dosis de radiactividad. Ahora, el 44 por ciento de los burako en condiciones de trabajar vagabundean hechos andrajos en las calles, con sus nidadas de huérfanos por detrás. "Sienten la vida como un prolongado suicidio", dijo el doctor Yasuo Nakamoto, director del Hospital de Fukushima —el único de la comunidad—, hace un par de domingos, mientras la lluvia formaba nuevos ríos en las callecitas cenagosas del barrio.
Estos seres calcinados, aniquilados, temblorosos, han empezado a recortar flores de papel para el 6 de agosto. Casi siempre llovió ese día, a diferencia de 1945, y ya están acostumbrados a marchar por los puentes con sus paraguas de color naranja. Suelen ser 10 mil, pero este año esperan ser 20 mil por cada aniversario del cataclismo. Descenderán sobre la ciudad con sus grandes pancartas, con sus banderas blancas y sus tambores, por el puente sagrado de Kintai o por los dos puentes Heiwa, hacia un Parque de la Paz que estará lleno de azaleas y campanillas. "Así podremos calmar las almas de los que han muerto. Así podremos calmar nuestras propias almas", repitió Yoshioka-san, como en una letanía.
Ese no será el final de este vigésimo aniversario, sin embargo. Cinco de los 20 mil hombres, o quizá los 20 mil, si tienen fuerzas, subirán a los trenes en la estación de Hiroshima, cantarán durante las siete horas que separan esa ciudad de Nagasaki, en la isla de Kiu-shu, y marcharán en procesión hasta el estadio de béisbol, en el medio de la esplendorosa bahía donde debió caer la bomba, un 9 de agosto. Para apaciguar a los muertos, arrojarán flores y sembatsuru al mar, y recibirán la noche con sus farolitos de colores.
(…)
El muro y los tormentos
Las cifras dicen poca cosa, pero a veces lo dicen casi todo. En enero de 1965, el 42 por ciento de los trabajadores esporádicos en Hiroshima eran sobrevivientes de la hecatombe; cada uno de ellos, por condescendencia del gobierno japonés, recibía un dólar y medio de jornal. En febrero, el señor Akira Kuboyama, licenciado en Economía de la Universidad de Nagasaki, aprobó el examen de ingreso a una de las mayores empresas de la isla Kiu-shu. Pero durante el test médico, los investigadores percibieron formaciones queloides en sus hombros, y vetaron su contrato. En abril, la señora Yamaguchi protestó ante la Comuna de Hiroshima porque uno de los huérfanos a quienes apadrinaba había debido cambiar de trabajo diez veces en un año: cuando presentaba su tarjeta de salud con el rectángulo verde era implacablemente despedido.
No les es fácil ser reconocidos como enfermos atómicos, y hasta 1957 se negó oficialmente que sus anemias y cánceres tuvieran algo que ver con la explosión. Es que el 3 de setiembre de 1945, durante una conferencia de prensa en Tokio, el brigadier general Thomas Farrell informó que "ya nadie padece en Hiroshima y Nagasaki los efectos radiactivos de la bomba. Quienes los recibieron están muertos".
Referencias:
1 Un villorio situado a 7 kilómetros al este de Hiroshima.
2 A dos kilómetros del epicentro de la explosión. Allí está actualmente la Comisión para los Daños de la Bomba A (ABCC).
3 En el momento de la explosión, la población de Hiroshima podía calcularse en 340.000 personas. El 30 de junio de 1945, 245.423 ciudadanos recibieron sus tarjetas para el racionamiento de arroz. Esa cifra excluye la población militar y los Cuerpos de Trabajo, estimado en un tercio de la cifra total.
4 Vino de arroz, de baja graduación alcohólica, entre 17 y 18 por ciento.
5 Según los últimos censos -1960-, Hiroshima tiene 431.336 habitantes, y Nagasaki 344.153.
6 San es un imprescindible sufijo de cortesía. Equivale a señor o señora.
7 El nombre con que se designa a los enfermos atómicos.
8 Una comunidad de 6.500 personas, completamente segregada del resto de la ciudad. La palabra Burako no puede pronunciarse dentro del barrio: se considera extremadamente ofensiva.
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Entre la razón y el infierno - Hiroshima, por Albert Camus

El 6 de agosto de 1945 bombarderos estadounidenses lanzaron sobre la ciudad japonesa de Hiroshima la primera bomba atómica, causando la muerte de unas 140.000 personas. Dos días más tarde, Albert Camus publicó un artículo en Combat donde lamentaba profundamente que las conquistas científicas estuvieran al servicio “de la más formidable furia destructora de que el hombre haya dado pruebas desde siglos”. Lamentablemente, al día siguiente de aparecer esta publicación, la aviación norteamericana arrojó una segunda bomba sobre otra ciudad nipona, Nagasaki, que causó la muerte de unos 70.000 japoneses. Sus palabras aún hoy siguen vigentes.
Fuente: Camus, Albert, Combat, 8 de agosto de 1945, en Moral y Política, Biblioteca clásica y contemporánea, Buenos Aires, Editorial Losada, 1978, págs. 57-59.
El mundo es lo que es, es decir, poca cosa. Es lo que desde ayer todos sabemos gracias al formidable concierto que la radio, los diarios y las agencias noticiosas acaban de desencadenar con respecto a la bomba atómica. En efecto, nos enteramos, en medio de una multitud de comentarios entusiastas, que cualquier ciudad de mediana importancia puede ser totalmente arrasada por una bomba del tamaño de una pelota de fútbol. Los diarios norteamericanos, ingleses y franceses se extienden en elegantes disertaciones sobre el porvenir, el pasado, los inventores, el costo, la vocación pacífica y los efectos bélicos, las consecuencias políticas y aun la índole independiente de la bomba atómica. En resumen, la civilización mecánica acaba de alcanzar su último grado de salvajismo. Será preciso elegir en un futuro más o menos cercano entre el suicidio colectivo o la utilización inteligente de las conquistas científicas.
Mientras tanto, es lícito pensar que hay cierta indecencia en celebrar así un descubrimiento que se pone, primeramente, al servicio de la más formidable furia destructora de que el hombre haya dado pruebas desde siglos. Nadie, sin duda, a menos que sea un idealista impenitente, se asombrará de que, en un mundo entregado a todos los desgarramientos de la violencia, incapaz de ningún control, indiferente a la justicia y a la sencilla felicidad de los hombres, la ciencia se consagre al crimen organizado.
Estos descubrimientos deben ser registrados, comentados según lo que son, anunciados al mundo para que el hombre tenga una idea precisa de su destino. Pero rodear estas terribles revelaciones de una literatura pintoresca o humorística, no es soportable.
Ya se respiraba con dificultad en un mundo torturado. Y he aquí que se nos ofrece una nueva angustia, que tiene todas las posibilidades de ser definitiva. Sin duda se le brinda al hombre su última posibilidad. La bomba atómica puede servir, en rigor, para una edición especial. Pero debiera ser, con toda seguridad, motivo de algunas reflexiones y de mucho silencio.
Además, hay otras razones para acoger con reserva la novela de ciencia ficción que los diarios nos ofrecen. Cuando se ve al redactor diplomático de la Agencia Reuter anunciar que esta invención vuelve caducos los tratados e incluso las decisiones de Postdam, señalar que es indiferente que los rusos estén en Koenigsberg o los turcos en los Dardanelos, no se puede evitar atribuirle a tal concierto intenciones bastante ajenas al desinterés científico.
Entiéndase bien. Si los japoneses capitulan después de la destrucción de Hiroshima y por efectos de la intimación, nos alegramos. Pero nos rehusamos a sacar de tan grave noticia otra conclusión que no sea la decisión de abogar más enérgicamente aún en favor de una verdadera sociedad internacional, en la que las grandes potencias no tengan derechos superiores a los de las pequeñas y medianas naciones, en que la guerra, azote hecho definitivo por el solo efecto de la inteligencia humana, no dependa más de los apetitos o de las doctrinas de tal o cual estado.
Ante las perspectivas aterradoras que se abren a la humanidad, percibimos aún mejor que la paz es la única lucha que vale la pena entablar. No es ya un ruego, sino una orden que debe subir de los pueblos hacia los gobiernos, la orden de elegir definitivamente entre el infierno y la razón.

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Fuente: www.elhistoriador.com.ar

jueves, 19 de junio de 2014

El colmo de la Ciudad Verde de Macri

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Dos iniciativas del jefe de Gobierno proponen desafectar parte de la emblemática Reserva, incluida en la Lista de Humedales de Importancia Internacional. También afecta un sector del Parque Avellaneda y otro junto al Autódromo

Por Eduardo Videla

Un día después de anunciar un plan para construir nuevos espacios verdes en la Ciudad de Buenos Aires, el jefe de Gobierno envió a la Legislatura un proyecto para construir un depósito de camiones en la mismísima Reserva Ecológica. El audaz proyecto del PRO impulsa desafectar cinco hectáreas del pulmón verde para destinarlas a una “base primaria de recolección de residuos”, que consistiría en un depósito de camiones y de basura. No conforme con esto, tres días después, se presentó otra iniciativa con la propuesta de restarles a la Reserva otras 2,5 hectáreas para el mismo fin. La denuncia fue formulada ayer por los legisladores porteños Alejandro Bodart (MST) y Pablo Bergel (Verde Alameda). Los proyectos también avanzan sobre otros espacios verdes, como el Parque Avellaneda, al que se propone quitarle 2,5 hectáreas, siempre con el fin de destinarlos a actividades de higiene urbana.

La llamada Reserva Costanera Sur está incluida desde 2005 en la Lista Ramsar de Humedales de Importancia Internacional, lo que le otorga un alto grado de protección: la Ciudad y el país están obligados a protegerlos. Un humedal es una formación de terreno vinculada con el río, un ecosistema híbrido entre el terrestre y el acuático, como por ejemplo, el Delta del Paraná. La importancia de su conservación radica en que “cumple funciones fundamentales, como la regulación del ciclo hídrico, la estabilización del clima, la mitigación de los cambios climáticos globales y la conservación de la biodiversidad”, además de los “valores turísticos y recreativos”, según explica el propio sitio del Gobierno de la Ciudad, que los redactores del proyecto no leyeron o ignoraron.

“Hace pocos días, Macri usó la Reserva Ecológica para lanzar su mentiroso plan Ciudad Verde y ahora quiere quitarle siete hectáreas para instalar una playa de estacionamiento de camiones de basura, dañando un patrimonio natural protegido por convenios internacionales”, dijo el diputado Bodart. “La Reserva Ecológica es un área intocable”, enfatizó ante Página/12.

Macri presentó, el 9 de junio último, en ese escenario, un plan para construir 78 nuevos parques en los próximos veinte años, aunque no precisó dónde van a estar ubicados. Tampoco dio detalles de los espacios verdes que piensa destruir en lo que queda de su gestión, entre ellos, parte de la emblemática Reserva Ecológica. Pero al día siguiente envió el primer proyecto a la Legislatura.

“Demoró sólo un día en mostrar cómo implementará su marketinero plan Buenos Aires Verde”, ironizó Bergel. “Estos proyectos pasaron todos los límites. Además, violan el artículo 27 de la Constitución de la Ciudad”, enfatizó Enrique Viale, de la Asociación de Abogados Ambientalistas, ante una consulta de este diario.

Ningún funcionario porteño salió ayer a explicar estos proyectos. De acuerdo con las copias, a las que accedió Página/12, ambos están firmados por Macri, el ministro de Ambiente, Edgardo Cenzón; su par de Desarrollo Urbano, Daniel Chain, y el jefe de Gabinete, Horacio Rodríguez Larreta.

Uno de los proyectos desafecta del Distrito de Zonificación ARE DE4 (Reserva Ecológica) “una superficie de cinco (5) hectáreas correspondientes a la Manzana 63, Parcela I, Sección 98, Circunscripción 21”. La otra iniciativa, presentada tres días después (el 13 de junio), desafecta “una superficie de dos (2) hectáreas” correspondientes a la misma nomenclatura. Un croquis ubica ese espacio sobre la avenida Costanera, entre las prolongaciones virtuales de las calles Estados Unidos y Carlos Calvo.

En ambos casos, la finalidad de la desafectación es “instalar y operar una base de recolección de residuos sólidos urbanos”. Esa base no es más que “un depósito de vehículos livianos y pesados, maquinarias y enseres destinados a la guarda, mantenimiento y limpieza de los vehículos utilizados para realizar el servicio de recolección de residuos”. También se permitirá allí “el almacenamiento del material recuperado final que, en razón de sus características voluminosas, necesite un acopio mayor debido a que no pueda ser compactado”. Es decir, allí habrá también un basural.

Otros espacios verdes que el gobierno porteño quiere afectar como bases de recolección del servicio de higiene urbana (o playas de camiones recolectores) son:

- 2,5 hectáreas del Parque Avellaneda, ubicadas entre la autopista Perito Moreno y la prolongación de la calle Eugenio Garzón.

- Un predio ubicado detrás del Autódromo, sobre la avenida 27 de Febrero, ribereña del Riachuelo.

- Un predio bajo la autopista AU7 Héctor Cámpora, desde la avenida 27 de Febrero (ribereña del Riachuelo) hasta Coronel Roca.

“El Parque Avellaneda es un Area de Protección Histórica que además está gestionado por una mesa de trabajo integrada por asociaciones vecinales”, advirtió Bodart, adelantando las objeciones que va a tener el proyecto en ese barrio.

“Macri, su ministro Edgardo Cenzón y el presidente de la Agencia de Protección Ambiental, el ex ambientalista Juan Carlos Villalonga, deberán dar cuenta a la ciudadanía, sin sonrojarse, cómo se atreven a vender ese invento de su agente de marketing Duran Barba llamado Buenos Aires Verde”, concluyó Bergel.

viernes, 16 de mayo de 2014

La Noviolencia como política pública


Florencio Varela- Autor : Partido Humanista de Argentina Fecha: 15 mayo 2014 In: Comunicados De Prensa, Noviolencia, Política, Sudamérica



El próximo 16 de mayo se realizará una “Jornada por la No-Violencia,”Hacia una cultura solidaria y no violenta” en el recinto del Honorable Concejo Deliberante de Florencio Varela en el horario de 9 a 12 hs., donde participarán organizaciones sociales del distrito.

El interés de este encuentro es lanzar una serie de actividades y eventos que culminará el día 2 de octubre de 2014 “Día Internacional de la No-Violencia”.

La violencia es personal y social, la violencia es hoy un problema de todos.

La violencia se ha instalado en el pensar y sentir de una sociedad, que peligrosamente observa como avanza y se consolida la “falsa ideología de: “No existe solución al problema de la Violencia”.

No se podrá resolver el problema de la violencia aplicando ideas y prácticas propias de una visión zoológica de la vida humana, volviendo a prácticas primitivas como la pena de muerte, la “mano dura” en las calles, la penalización de los niños.

Es necesario que cada persona reflexione y decida internamente, asumiendo un compromiso real sobre los problemas actuales.

Objetivos:
1- el desarrollo de tácticas y estrategias para la resolución de conflictos, profundización y comprensión de nuestra acción en el mundo desde una mirada distinta a través de la experiencia concreta de la no violencia activa.
2- Aportar a la construcción futura de una cultura, solidaria y no violenta.
3- Generar espacios de fraternidad, de intercambio y desarrollo de acciones en esa dirección.
4- Crear una red organizada con vecinos, escuelas, organizaciones privadas y públicas para articular acciones conjuntas.
5- Capacitación y formación en la no violencia Activa, a través de diversas áreas, sumar formadores voluntarios a fin de convertirse cada uno en una referencia personal y social que ayude a otro.
6- Repudio a toda forma de violencia y sus manifestaciones.
7-Presentación y visualización de la metodología de la no-violencia activa como política pública.

Cabe destacar que esta Jornada fue declarada de Interés Legislativo por el Honorable Concejo Deliberante de Florencio Varela.

Organizaciones convocantes:
PARTIDO HUMANISTA – ORG. TUPAC AMARU – J. W. COOKE – LA CAMPORA – KOLINA – OCTUBRES

domingo, 4 de mayo de 2014

LÍMITES Y DESAFIOS DEL PROGRESISMO EN AMERICA DEL SUR


El siglo XXI comenzó promisoriamente para los pueblos de la región. Ya sobre el final de la década neoliberal en 1999, soplaron vientos de cambio en Venezuela, y poco más tarde se sentirían también en Argentina, Brasil, Uruguay, Bolivia y Ecuador. Si bien en cada país los procesos fueron diferentes, el denominador común de mejoras sociales, fortalecimiento del Estado, y búsqueda de una verdadera soberanía política, marcaron una clara tendencia progresista en la región. Sin embargo, en los últimos tiempos parece observarse un amesetamiento en el proceso transformador, que resulta interesante analizar.

Mucho podría decirse acerca de los avances logrados, pero no es la idea aquí abundar en información ya conocida. Como también podría hablarse de las asignaturas pendientes y de los fracasos. Pero no es la intención enfatizar en la mitad del vaso lleno ni en la mitad del vaso vacío, como una mera descripción de aciertos y errores. Lo que intentaremos es analizar cuáles son las limitaciones de los actuales modelos, y saber cuáles son las raíces de esas limitaciones, para poder abordar los desafíos del futuro con eficacia.

Está claro que los gobiernos progresistas tuvieron como objetivo mejorar las condiciones sociales, la distribución de la riqueza, la vigencia de los derechos humanos, la independencia económica y la soberanía política. También está claro que en su camino encontraron fuertes resistencias y complejas dificultades, que a veces se pudieron superar, y a veces no. Pero el punto es que algunas de esas limitaciones se han ido instalando, no sólo como barrera fáctica, sino también como un techo que frena el vuelo ideológico.

Porque en la intersección entre las buenas intenciones y las limitaciones, se pudo progresar en algunos aspectos, pero otros se mantuvieron igual, y algunos nuevos problemas emergieron. Por ejemplo, se aplicaron políticas compensatorias para mejorar el ingreso de sectores de menos recursos, pero no se logró cambiar la matriz distributiva intrínseca al capitalismo, condenando a los sectores marginados al subsidio permanente. Se logró aumentar el presupuesto estatal para mejorar la asistencia social, la salud y la educación, pero buena parte de los recursos provienen de una economía neo-extractivista que demora el desarrollo, agota los recursos naturales y destruye el medio ambiente. Creció el mercado interno, pero potenciando el mismo modelo consumista que fomenta el capitalismo depredador, acelerando la acumulación de riqueza de quienes manejan el mercado. Se han logrado consolidar las democracias representativas en una región con antecedentes golpistas, pero se apeló a fuertes liderazgos personalistas, postergando la aspiración de un verdadero sistema de democracia real. Se han reivindicado los derechos de los pueblos originarios, pero en muchos casos tal reivindicación colisiona con las urgencias de una economía extractivista, y al avanzar la frontera agropecuaria o petrolera, se generan conflictos con esos mismos pueblos. Se ha logrado mayor autonomía respecto de los intereses de USA, pero la primarización de la economía, orientada a proveer commodities para el desarrollo de China, ha generado nuevas dependencias
y vulnerabilidades. Ante la imposibilidad de revertir la matriz distributiva del mercado, se apeló al incremento del gasto estatal para redistribuir el ingreso, pero al potenciar solo el consumo en algunos casos se han desatado procesos inflacionarios.

Frente a todo esto, sería tan erróneo descalificar a los gobiernos progresistas por las falencias, como suponer que sólo será cuestión de tiempo resolver lo que salió mal o lo que no llegó a realizarse. Porque tal vez no sería válida la analogía de “mitad de vaso lleno o mitad vacío”, en la que siempre queda un margen para completar el faltante del vaso. Tal vez se adaptaría mejor la analogía de la “manta corta”, que descubre los pies cuando se quiere cubrir la cabeza y viceversa. Lo que queremos significar es que hay un funcionamiento sistémico condicionante, que no
permite resolver un problema sin generar otro, y que en tanto se imponga la urgencia de la mirada reivindicativa y paliativa, por sobre una estrategia de cambio sistémico a largo plazo, resultará difícil comprender la raíz de las contradicciones entre el discurso y la realidad. No queremos decir que no haya que resolver la urgencia, y que para ello no haya que asumir los condicionamientos sistémicos en el corto plazo, pero si eso no está inserto en una estrategia de más largo plazo, se agudizarán las contradicciones y quedará la puerta abierta para el regreso neoliberal.

El tema es muy difícil, ya que cada país aislado no tiene control sobre las variables globales, y si se sigue la lógica de sus condicionamientos, se acota el campo de acción. Si para poder exportar, hay que insertarse en el mercado global, entonces se parte con condicionamientos sobre lo que se puede producir, y se cae en la dependencia del extractivismo, y ahí se produce el fenómeno de manta corta, porque si se limitan las exportaciones se pierden divisas y recursos para financiar las políticas estatales. Si se asume que La explotación de muchos recursos naturales, requiere de grandes inversiones, y que esas inversiones solamente las pueden realizar las grandes multinacionales, entonces se deben asumir los condicionamientos propios de una negociación con tales empresas, y se deben aceptar ciertas regulaciones internacionales. Si se asume como condicionamiento cultural la tendencia al consumismo de las sociedades, alentada y direccionada por la presión publicitaria en los medios de comunicación, entonces hay que aceptar que para conformar al electorado y mantenerse en el poder, hay que tratar de saciar esa sed de consumo, y de esa manera se alimenta la maquinaria que sigue enriqueciendo a las minorías. Si se asume como un condicionamiento cultural de la época, la resistencia de las poblaciones a la participación orgánica en la política (más allá de la simple manifestación o protesta), entonces se limitan las posibilidades de reemplazar a las democracias formales por democracias reales, y se debe construir el poder negociando con los políticos tradicionales, con el correlato de corrupción, manipulación, y conservadurismo que ello conlleva.

Sintetizando entonces, estamos diciendo que más allá de las buenas intenciones de algunos gobernantes, los condicionamientos limitan la capacidad de acción, pero no solamente enlenteciendo los procesos, sino sobre todo generando resultados contradictorios que podrían alimentar la desazón y la resignación de que los cambios profundos y sistémicos nunca llegarán.

Ahora bien, si a esta limitante de los condicionamientos externos, le agregáramos las propias contradicciones en las fuerzas políticas gobernantes, entonces el cóctel de las limitaciones estaría completo. Porque sería ingenuo, en
aras de valorar los procesos progresistas en América del Sur, subestimar la variable de ambiciones personales, prácticas corruptas, falta de autocrítica y ecuanimidad, dogmatismos, y mediocridad, que muchas veces operan en diversos estamentos del poder. Porque más allá de la incidencia real que tales defectos tengan en el proceso de transformación, terminan siendo flancos débiles de la imagen pública, que potenciados por los medios de comunicación funcionales al sistema imperante, debilitan el consenso popular y la base electoral necesaria para mantener en el poder a quienes aspiran a realizar transformaciones.

Entonces, todas estas limitaciones, extrínsecas e intrínsecas, de los gobiernos progresistas en la región, nos dejan hoy en una situación de cierto estancamiento, con respecto a la aspiración de transformaciones profundas. Esto ha ido mermando la base electoral de muchos gobiernos, que además al depender de liderazgos personales, se encuentran con dificultades de continuidad en algunos casos. Ante esto avanzan los opositores por izquierda y por derecha; por izquierda capitalizando el descontento de sectores que se han ido decepcionando, y por derecha con los políticos apadrinados por los medios de comunicación del sistema imperante. Desde luego que el avance por izquierda por ahora solo alcanzará para mermar más la base electoral del progresismo, mientras que la derecha será la que intentará hacerse del poder, seguramente con un discurso más moderado, con la hipócrita promesa de no cambiar aquello que se haya hecho bien y mejorar todo lo que se hizo mal.

La pregunta es: ¿podrán los sectores progresistas mantenerse en el poder y cambiar su estrategia para lograr profundidad en los procesos de transformación?; ¿O más allá de cuál sea el partido gobernante, iremos hacia una aceptación generalizada de políticas de centro, que respeten el status quo regido por el capitalismo global, con mayores o menores márgenes de acción para subsidiar a perpetuidad a los crecientes sectores que margina el sistema?

Difícil predecir lo que pasará en un mundo cada vez más conmovido por las crisis recurrentes. Pero ya sea en el futuro inmediato o en el mediato, si se quisiera retomar la aspiración de una verdadera y profunda transformación del sistema, habrá que comprender la raíz de las limitaciones que se han tenido hasta el momento, en los intentos que, mal o bien, se han realizado en la región. Y esa raíz mucho tiene que ver con la falta de un nuevo modelo integral de sociedad, con su consecuente plan estratégico para llevarse adelante y con la imprescindible mística social necesaria para darle fuerza. Porque la caída del socialismo real hacia fines de los 80, no solamente terminó de derrumbar un sistema que ya no funcionaba, sino que por sobre todas las cosas, terminó con el principal competidor ideológico del sistema imperante hoy. Y aunque la sensibilidad social de algunos gobiernos haya pretendido reflotar las aspiraciones de cambio, nunca hubo un libreto completo sobre lo que había que hacer para reemplazar un sistema por otro, ya que ni siquiera se sabía cuál era ese otro sistema. Pero esa carencia no es responsabilidad de los gobiernos progresistas, sino que es una carencia del momento histórico.

Queda entonces como desafío, para superar tantas limitaciones, encontrar con claridad la imagen del mundo que se quiere, de la sociedad que se quiere, y elaborar un plan estratégico que, paso por paso, nos lleve hacía esa Nación Humana Universal, sorteando los condicionamientos con paciencia y sabiduría, que no es lo mismo que asumirlos con resignación y pragmatismo.



Este desafío lo tienen los gobiernos progresistas, en la medida que quieran realmente llegar a transformaciones profundas, pero sobre todo lo tienen los pueblos, que en definitiva son los que deben elegir y condicionar las políticas de los gobernantes. Y en ese sentido, son todos los pueblos del mundo los que tarde o temprano tendrán que asumir su compromiso con el cambio.




Guillermo Sullings

Partido Humanista debate en NY la integración Latinoamericana

miércoles, abril 30 del 2014



En el Teatro Thalia, desde la izquierda, Angie Galindo, Daniel Vila, Federico Rojas y Carlos Canales. Foto Javier Castaño

“Los latinos estamos muy divididos y debemos organizarnos para enfrentar la lucha juntos”, dijoDaniel Vila en el Teatro Thalia de Sunnyside, Queens. El encuentro fue organizado por el Partido Humanista y tuvo como objetivo estudiar los proyectos sociales y económicos que existen en Latinoamérica con el fin de unificar criterios y estrategias comunes.

“En Puerto Rico todo se está privatizando, la empresas del estado, el sistema escolar, todo”, dijo Vila. “Hay mucha opresión en Haití y Cuba está cambiando, se están abriendo al mundo internacional, aunque no su sistema de salud y escolar”.

David Andersson, dirigente del Partido Humanista, también habló de su lucha por lograr que los residentes legales de la ciudad de Nueva York puedan votar en las elecciones locales. “Y los cambios que se están implementando en Latinoamérica son muy interesantes”, dijo Andersson. Al final de la charla participó la agrupación musical Mahina Movement.

Angie Galindo, de Yosoy132NY, una organización humanitaria mexicana, habló de cómo las políticas neoliberales como Nafta han sido “mortales” para México y como ha aumentado la pobreza, la miseria, el crimen y el narcotráfico. “En México estamos bien mal”, dijo Galindo.

Carlos Canales se refirió a la guerra en El Salvador como “la última revolución armada que terminó en acuerdo”. Dijo que El Salvador ha mejorado, aunque sigue siendo muy pobre y “la guerra nos sirvió para desmilitarizarnos y lograr una apertura política porque antes en mi país no aceptaban a la izquierda”.

Federico Rojas dijo que el problema de Latinoamérica son los regionalismos y las divisiones artificiales. Habló del comercio, del proteccionismo, del poder de las corporaciones y de las relaciones con Estados Unidos. “Los tres principales modelos económicos son Unasur, Selac y la OEA, además de la Alianza del Pacífico, pero lo más importante es que haya comercialización entre las naciones y que se preserven las democracias, porque Brasil podría llegar a imponer sus condiciones”, dijo Rojas.

“China puede convertirse en el principal aliado comercial de Latinoamérica y tendremos que ver cuál será el papel de los Estados Unidos y Canadá dentro de algunos años. Debemos buscar proyectos comunes y un destino compartido en Latinoamérica”, concluyó Rojas.

Javier Castaño

http://www.queenslatino.com/partido-humanista-debate-la-integracion-latinoamericana-en-nueva-york/

Silo Entrevistas Buenos Aires 2006